Sé que no vienes sola: traes contigo madrugadas infinitas, dolores musculares, dudas en mitad de la noche y un volumen de kilómetros que me ha obligado a renegociar con mi propia mente.
No te busco para batir un récord de velocidad, te busco para descubrir de qué estoy hecho.
Me advierten que pondrás a prueba cada fibra de mi cuerpo, que habrá momentos de crisis donde querré arrojar la toalla y que el sol, el frío o el cansancio intentarán quebrar mi voluntad.
Sin embargo, me voy a preparar. Entrenaré mi cuerpo, pero sobre todo, entrenaré mi mente para esos kilómetros en los que no habrá público, solo el sonido de mis pasos y mi respiración.
Sé que me harás sufrir, pero también confío en que me regalarás los amaneceres más épicos, una conexión brutal con la naturaleza y una línea de meta que sabrá a pura gloria.
Te enfrento con la humildad del principiante y el coraje de quien ha decidido desafiar sus propios límites.
Prometo respetarte, escuchar a mi cuerpo en cada tramo y disfrutar del viaje, porque sé que cruzar tu arco cambiará para siempre mi forma de entender el deporte y la vida.
Nos vemos en la línea de salida. Iré a muerte a por ti!!
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